Fernando Ayala

Flores químicas  





Mantenerse enfermo para ahuyentar
El cólera, para evitar la fiebre,
la gripe, el dolor y el miedo.  
Soluciones florales químicas  
Inversiones de subsuelo  
Elogio de locura instruida,  
Perfectas palabras con razón  
Placeres griegos de esquina  
Romances sórdidos en alta voz  
Las flores químicas  
Las entrañas del pasado quemándose  
En la hoguera histérica de los nervios  
Los ánimos, se llenan de nubes,  
Por el piso flotante.  
Las flores químicas secando bocas  
El camino de los cien metros  
Lleno de vallas, de líneas  
Blancas, que sirven de guías  
Rectas, hacia el fin.  
Ojos brújulas, ojos brujos  
Que mueren, para reencarnar  
En las almas que dejan piedad.  
Las flores químicas sueñan   
Con la tierra; sufren mano de hombre  
Se ríen del hombre que las mata  
Porque él mismo se asesina, 
Anuncia sin remordimientos  
La muerte del hombre por el hombre.  





Un loro  




  
Paro de hablar y sólo te imagino.  
Qué poca estrategia de amor propio.  
Qué le pasa a mi ángel guardián,  
Será que se está enamorando.  
Si ya no estás a mi lado.  
Me dan ganas de llover,   
Otras tantas de nacer, y  
Otro simple, deseo idealizado.  
Hoy, me siento perdedor,   
Aunque no lo soy.  
Lo que pesa es el pasado.  





Vaselina  




  
Significó algo:  
Como dos agentes de bolsa  
Nos pesaban mucho las pérdidas  
Como para soñarnos juntos  
Solíamos fabricar sonrisas  
en los silencios vagos  
Respirábamos de los besos como adictos  
Nos solían dejar sin aire los sollozos  
Pero más fuerte que todo eso  
Liberarnos tanto de los abrumadores  
Como de nosotros mismos  
Alborotando las raíces cuadradas  
Merodeamos sobre otros amores  
Sacrificando nuestro sueño inmediato.  
Pusimos fin al principio, mordiéndonos   
Los labios y separando   
Con los dedos ansiosos   
La piel, de la ropa.  
Deseando unir el cable a la tierra,  
Nos olimos por unos minutos.  




Fernando Ayala 
De: "Tanto amor plateado", Barnacle, 2017



Todo flota


Esperando que el semáforo de peatones me permita cruzar la avenida, recreo vanamente la idea de una realidad circundante, física, compuesta de luces, de estructuras de metal, puertas de vidrio, marquesinas, autos, un ciclista. Cómo reflejar la inconsistencia del mundo alrededor, sutil y vaporoso.
Cuando leí el poema de Jorge Aulicino descubrí la palabra clave. Mis intentos fallidos consistían en no encontrar esa palabra de partida. "Todo flota". Objetos desvinculados, objetos desperdigados en el asiento trasero de un auto. Ideas sin ilación mientras espero la otra luz del semáforo. 

En el magnífico blog de Silvia Camerotto, este poema inédito de Jorge Aulicino



[William Carlos Williams]

Soy el intelectual más prestigioso de la cuadra.
Querría tener un De Carlo 1960 para estacionarlo
frente al Hospital de Infecciosos, donde pudiera verlo
desde la ventana trasera de mi departamento,
los asientos atestados de libros y bolsas de suero.


El De Carlo es blanco como la ballena,
como mi heladera.

Todo flota
lejano y fascinante 
en esta hermosa ciudad.




Imagen: Robert Neffson

Germán Arens




En Facebook  
una chica que no conozco  
dice que en el mar hace frío.  
También que el mes de enero debería durar seis meses  
   
Carina, me cuenta que murió el hijo del rector, 
que estaba por ir a velarlo y una tormenta  
fue la excusa perfecta para no salir. 

Arturo, notifica la detención de una dirigente social.  
Agrega que no debe ser ninguna santa,  
pero que los ciudadanos, ante la situación actual,  
deberíamos  saber dividir los tantos  
y no permitir que un árbol nos tape el bosque. 

Un amigo no puede  dormir… 
Su novia no lo tiene en la cabeza. 

Un poeta me ofrece su libro: 
“Cada tribu tiene sus propios rituales para enfrentar el misterio
La nuestra, la de los poetas solitarios, no es una excepción                                                            
Cuando los poemas se guardan en un libro se vuelven definitivos
nuestro rito es compartirlos                                              
No hacerlo puede provocar la furia de las musas y  
condenarnos al eterno silencio”.  




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Los alacranes no están vivos. 
Pertenecen al estampado de mi calzoncillo. 




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El problema no es hablar con los perros 
sino contar lo que te dijeron. 




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En cuanto a forma,  
color, dimensión y perspectiva  
pudo haber sido una alteración visual. 
Aunque estoy casi seguro  
que ese resplandor del que hablo  
estaba vivo. 




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El mar estaba empecinado en tragarnos. Volví a pedirle a mi hermano que pise el acelerador. No hagas caso, me dijo, no hay mar, es solo una cristalización de tu mente; el día está hermoso. Sin insistir, en un acto reflejo, abrí la puerta de la camioneta. Al dar contra el suelo sentí dolor, no puedo expresarlo de otra manera: dolor. Mi codo derecho se desarticuló por completo y salvo movimientos del hombro mi brazo quedó inutilizado. Fue entonces que giré la cabeza, y otra vez el mar, perdiendo su liquidez, levantándose ante mí como una cobra gigante. 




De: ¡Oh, qué lugar más bello...!, Barnacle, 2017


Otros poemas de Germán Arens, aquí

Próximamente en este blog

Gracias, Barnacle, editorial independiente: http://www.barnacle.com.ar/home





¡Oh, qué lugar más bello! / Germán Arens 
ISBN-978-987-4044-07-5

Germán Arens logra reencauzar a sus elementos más atómicos e ínfimos —es decir al individuo y sus vivencias—  un acontecimiento, despertar una sensación indeterminada sobre algo diferente, impreciso e inalcanzable (Los misterios no son más que la ausencia de datos) donde el menor mo-vimiento y la mirada se hunden más allá de las cosas conocidas y amables. Una poética.
El volumen no contiene ningún alegre poema para recitar cada mañana antes del desayuno. Tampoco incurre en ninguna evasiva oportuna. Si la palabra supone la experiencia, los héroes de sus poemas son representantes de una experiencia que ya ha tenido lapso para el fracaso, y que aun así son capaces de suscitar comunicación y producir dicha (si no hubiera sabido que eran flores/ les habría dicho sol.); todavía creen en la vida, con la ingenuidad necesaria como para no considerar la desgracia como tal; se quedan solos, con todo lo que sus mentes son capaces de urdir. Y en esas piezas fundan su pacto y acaso su salvación (no hay en las palabras un nombre que nos distinga). Refieren a otros un sueño o un recuerdo que los complace y avergüenza y que amenaza con aniquilar todo a su paso; y es entonces cuando sus confidencias adquieren morosidad, lejanía: (Eran lentos los días de infancia. Nosotros nunca hablábamos de amor).



Tanto amor plateado / Fernando Ayala 
ISBN-978-987-4044-06-8

¿Es la ausencia la raíz de todas las cosas que importan?  En Fernando Ayala, el paisaje y sus marcas, sus tachaduras, comprenden una expresión personal, una identidad y a la vez, un deseo estético. Nos interrogan acerca de qué clase de literatura es aquella que no está sometida en igual medida a la avidez sensual de las palabras y a la fe en ellas. El propósito de los libros no es de este mundo; al leer Tanto amor plateado logramos evocar cómo partir hacia algún lado o malignar un recuerdo ("Buscamos que el cielo monótono nos diga,/ qué techo es mejor."), algo impreciso e inalcanzable donde el menor movimiento y la mirada se hunden más allá de las cosas conocidas y amables. ("Qué fácil es hablar de amor./ ¿Cuándo fue la última vez que comiste?") o el amparo de un mismo dolor que amenaza con aniquilar todo a su paso ("¿Quién nos dará el tiempo y la distancia,/ Quién se llevará nuestro mal? "). 

Hay veces en la que no dispone más que de una oportunidad para decir algo: ("No alcanza con hacer las cosas bien, si estás solo"); cada poema, como una herida o un afán, crece donde no hay nada certero. El autor nunca pierde de vista aquello que supo escribir un diácono anglicano, matemático e insular: No importa el significado de las palabras, lo que importa es saber quién manda.